No quiero ser yo

La mejor versión de mí misma no soy yo, sos Vos en tu máximo esplendor.
Mi mejor versión sos Vos formado en mí.


Foto: Unsplash

Una vez, en uno de los pocos libros que lograron de verdad marcar mi vida, leí lo siguiente:
"Si amo a Dios, entonces primero tengo que perder la vida, a eso Dios le llama amor; pero si pierdo la vida, me encuentro con Él, y en Él está la vida. En la cruz Jesús puso Su vida por amor a nosotros, y hoy la cruz nos sirve a nosotros para perder nuestra vida por amor a Él."
En pocas palabras, lo que decía (y lo que yo entendí en conclusión de eso) era que todos los días tenía que morir. Que todos los días tenía que cargar con mi propia cruz.

Luego dijo Jesús a sus discípulos:
—Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.
Mateo 16:24 (NVI)

Lo de la cruz lo había entendido en ese momento. Lo que nunca pude entender hasta este último tiempo fue lo de negarse a sí mismo.
¿Negarme a mí misma? ¿Qué quería decir Jesús con eso? ¿Cómo puedo hacer eso? No entiendo. Es como negar mi propia existencia!

Obviamente, estaba equivocadísima. Y no había entendido nada.

En las últimas semanas recordé patente un versículo, que es quizá una de las oraciones de Jesús que más me impactó y que, con cada vez que la recordaba, me convencía una vez más de que esa debería ser mi oración todos los días. Es este:

Jesús se alejó un poco de ellos, se arrodilló hasta tocar el suelo con la frente, y oró a Dios: «Padre, ¡cómo deseo que me libres de este sufrimiento! Pero no será lo que yo quiera, sino lo que quieras tú.» 
San Mateo 26:39 (TLA)

"Que no sea lo que yo quiera, sino lo que tú quieras". "Que no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Cuánto cuesta. Cuánto nos cuesta pedir eso.
¡Cuán egocéntricos somos! Siempre enfocados en nuestras necesidades personales, siempre no viendo más allá de nosotros mismos, siempre poniéndonos en el centro de todo. Siempre pensando que lo que nosotros queremos y sentimos, es lo mejor. Y nunca pensando que lo que Él quiere para nosotros, siempre pero siempre, el 100% de las veces, es insuperable. Es 1000 veces mejor que lo que nosotros pensamos.

Me gusta que Dios me quebrante. Me encanta que quebrante mi orgullo todos los días. Me fascina que me haga comparar con Él, porque siempre termino perdiendo. Diminuta al lado de tremenda inmensidad. Incapaz por mi propia cuenta. Limitada en muchísimos aspectos. Inútil.
Me gusta que quebrante mi propia percepción porque muchas veces tiendo a ponerme por encima de Él. Qué atrevida. Qué atrevidos somos al pensar que por alguna extraña razón podríamos siquiera parecernos a Él. Podríamos siquiera tomar decisiones correctas basadas en nuestro entendimiento, y que así podríamos prever algo a futuro. Podríamos siquiera tener el mismo poder sobre el pasado, presente y futuro, todos al mismo tiempo. Muchas veces juego, muchas veces jugamos a ser Él.

Pero yo no quiero ser yo.
Me niego a ser yo.

Me niego porque sé y entiendo, que por mi propia cuenta nunca voy a lograr nada. Y que si lo hiciera, ese resultado jamás durará mucho.
Me niego porque sé que mis pensamientos son limitadísimos, y se basan en cosas temporales. Porque sé que mis emociones siempre me van a jugar en contra, y siempre van a buscar desestabilizarme. Porque sé que mi corazón nunca va a querer lo que me realmente me hace bien, y siempre va a buscar que caiga en la trampa.
Me niego porque quiero que Él sea el que viva mi vida. No yo.
Porque siempre lo que Él quiera y piense va a ser lo correcto.
Me niego porque decido vivir en confianza total, creyendo que siempre está en control.
Me niego porque entiendo que someterme totalmente a Su voluntad es a lo que tengo que aspirar todos los días.
Me niego porque quiero que Él sea formado en mí. Que mis pensamientos sean los suyos, que mis emociones sean las suyas, que mis decisiones sean las suyas. Que todo lo que soy sea suyo. Porque le pertenezco, y porque entiendo que lo mínimo que puedo darle para devolverle toooooodo lo que hizo por mí, es darme entera.
Me gusta que Dios me quebrante, porque siempre va a ser con y por amor.
Eso es cargar mi cruz, eso es negarme a mí misma. Eso es dejarme quebrantar.

Mi mejor versión siempre va a ser Él.
Es la única forma en que voy a salir ganando.

----

Ya No Vivo Yo - Corto Plazo

A mis deseos renuncié,
todas mis propiedades entregué.
A mi razón crucifiqué
y así fui aprendiendo a crecer.

Comencé a caminar,
a desterrar mi forma de pensar.
Resurrección fue el resultado
de mi decisión.

Porque morí con vos un día
ya no se trata de mí
sino de Tu vida en la mía,
mi nueva forma de vivir.

Renovación, revolución
mi mente experimentó.
Recuerdo bien cómo empezó
aunque el proceso aun no terminó.

Es un constante caminar
cediendo en mi forma de pensar.
Creer que es mejor callar
y enmudecer al corazón.

Porque morí con vos un día
ya no se trata de mí
sino de Tu vida en la mía,
mi nueva forma de vivir.

Ya no vivo yo
Vos vivís en mí.


0 comentarios: